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Adicciones, problemas con el alcohol y problemas con la cocaína

Las estadísticas siguen mostrando los malos usos de los jóvenes y las pocas vías alternativas a ellos. La noche manda en sus vidas, mientras que la cultura queda relegada a un rincón. El 81% de los jóvenes quiere, ante todo, salir de marcha. Ahí encuentra diversión, por el efecto de las copas, de un revolcón o de una buena conversación; o por todo ello a la vez. Menos de un 10% reconoce que pase su tiempo leyendo, viajando o yendo al cine.
Los datos corresponden a un estudio realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y el Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid, presentado esta mañana en la sede de la Obra Social de Caja Madrid. Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, título del estudio, es el resultado de analizar 1.200 entrevistas y 11 grupos de discusión con chicos y chicas de 15 a 24 años.
“Desfasar es divertido”. Un 64% hace este juicio. La mayoría de los jóvenes encuestados creen que la noche es el mejor espacio de convivencia y un camino ideal para tener “emociones”. Y desfasar, reconoce un 56%, implica asumir riesgos.
La prudencia arruina la diversión, según este parecer, así que hay que enfrentarse a ciertos peligros: intoxicación etílica o adicción al alcohol (un 69,1% se emborrachó en 2009 y un 19% bebió todos los fines de semana); accidentes de coche (un 45% viajó con un conductor borracho o drogado); enfermedades de transmisión sexual (un 26% tuvo relaciones ocasionales sin preservativo -un 34% razona que le “corta el rollo”-; o lesiones (un 31% se peleó de noche).
El alcohol es el instrumento primordial para el ocio nocturno y la vida social juvenil. Otras drogas más o menos duras tiene unos índices de consumo menores: un 9% dice que fuma hachís a diario y menos de un 1% que consume cada semana cocaína o pastillas (hechas con metanfetamina).
El estudio también analiza la idea que tienen los padres del ocio de sus hijos. La mayoría de ellos se sienten alarmados por lo que sucede en las noches de fiesta, pero se resignan a aceptar las consecuencias que tiene la independencia de sus hijos. Confían en que están “bien educados” y son “algo diferentes”, por lo que deducen que no están tan expuestos a los peligros del “desfase”.

Fuente El País.

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